Política ambiental: José Sarukhan vs Donald Trump

Actualizado: 20 sept 2020


“Pocos científicos podrían convencer a un Presidente de encontrar el presupuesto para una agencia que integrara todo el conocimiento científico necesario para la conservación a nivel federal, pero Sarukhán lo logró”

Marton-Lefèvre.

La política no existiría sin la capacidad de hombres y mujeres para tomar decisiones. La crisis que viven los gobiernos a nivel mundial, es  parte de la percepción de millones de personas en el mundo que piensan que sus gobernantes no toman las mejores decisiones para el bien común. La principal falta de credibilidad se basa en aquellos casos que nos han demostrado que nuestros líderes mundiales toman decisiones para el beneficio de unos cuantos. Así, entre decisiones que no se saben explicar, decisiones que no están justificadas, decisiones irrisorias o en el menor de los casos decisiones acertadas, transcurre la política en el mundo.

Ante escenarios como el actual, en el que la política internacional lucha por combatir las decisiones de Donal Trump que han tambaleado la economía  y han puesto en peligro la paz, trastocando escandalosamente el respeto a los derechos humanos con sus ideas extremistas contra los migrantes y abanderando un claro retroceso en la política ambiental de ese país con repercusiones en todo el mundo, nos preguntamos ¿es justo que las decisiones de un solo hombre afecten al resto del mundo?¿por qué nuestras democracias no han logrado que los ciudadanos participen en las decisiones de gobierno y no sólo en elegir a quienes las toman? 

Desde campaña sabíamos que el estilo prepotente y despectivo de Trump nos anunciaba decisiones precipitadas y radicales. La política ambiental ha recibido la mayor parte de embates de la visión arcaica de Trump, parte de las medidas de sus primeros cien días de gobierno se observan en las reformas normativas, los recortes presupuestales al sector y los proyectos cancelados. Ha sido noticia en las últimas semanas que la NASA ha cancelado sus proyectos de investigación del Cambio Climático que incluía el monitoreo espacial de los océanos y los satélites para el estudio de la distribución de dióxido de carbono y temperatura en la atmósfera.

Para el 29 de abril del presente año, fecha en que se cumplieron 100 días de la administración de Donald Trump, ya había cancelado importantes proyectos de conservación y restauración de humedales en cinco bahías de ese territorio, el Programa Nacional de Conservación de Estuarios, derogó la Ley de Refugios de Alaska para permitir la caza de osos y lobos durante todo el año y revocó la designación de hectáreas de tierra y agua protegidas con la Ley de Antigüedades, pues “hay demasiada tierra pública protegida en su país”. 

Todas estas decisiones las ha justificado ante los medios de comunicación con la famosa afirmación: “El cambio climático es un cuento chino, EU no gastará más dinero en acciones contra el Cambio Climático”. Afirmación irrisoria para ocultar que Trump necesitaba desmantelar la política ambiental que frenaba el actuar desmedido de magnates como él, en el rubro de la construcción, del petróleo, de bienes raíces; empresarios que quieren recuperar la hegemonía económica sin importar que a las futuras generaciones les entreguen un mundo erosionado. 

En Washington D.C, corazón del país más reacio a cumplir con los compromisos internacionales en materia ambiental al no firmar el protocolo de Kioto, estar en duda su permanencia en el Acuerdo de París y en medio de todo el retroceso descrito en la materia, la Fundación Tyler y la Universidad del Sur de California premia desde 1973 los logros científicos en los campos de la política ambiental, salud, contaminación del aire y del agua, ecosistemas, biodiversidad y recursos energéticos. El reconocimiento más importante en ecología.

Este año el comité del premio decidió otorgar el galardón Tyler al científico mexicano José Sarukhán, hombre de prestigio y querido por la comunidad dedicada a la defensa y conservación del medio ambiente por su trayectoria y capacidad para lograr colocar en la agenda de los gobiernos mexicanos la importancia del conocimiento y conservación de la biodiversidad, sin importar colores partidistas. 

Entre sus más importantes aportaciones se encuentra el haber fundado hace 25 años la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO), lo que ha significado que México cuente con una base de datos de su riqueza biológica e inspirado a más países como Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Trinidad y Tobago, Kenia y Sudáfrica a replicar esta iniciativa.

El éxito de sus aportaciones ha consistido en la visión que el Dr. Sarukhan tiene sobre la ciencia, hacerla accesible a la ciudadanía. Así la “la Ciencia Ciudadana” de la CONABIO ha permitido la participación de las personas en el descubrimiento de especies nuevas, y en el uso y conservación de la biodiversidad.

La política ambiental internacional tiene hoy dos caras en una misma moneda: la que representa a Trump y la que representa Sarukhan, el Cambio Climático como cuento Chino o la responsabilidad ambiental. Soy del equipo de Sarukhan, de los que creemos que tenemos una responsabilidad con la preservación del planeta para las futuras generaciones.





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